La economía espacial: oportunidades que aterrizan en nuestra vida
Por Roberto Salas Guzmán
El espacio y sus aplicaciones están más cerca de lo que pensamos. Además de explorar la Luna o preparar misiones a Marte, aprovechamos sus capacidades para comunicarnos desde lugares remotos, orientarnos, anticipar riesgos y producir con mayor precisión. La investigación espacial también aporta conocimientos al desarrollo de medicamentos y materiales. Parte de esta economía ya está presente en nuestra vida cotidiana, aunque pocas veces la reconozcamos.

Esa fue una de las ideas que recogí en recientes encuentros sobre economía espacial en Orlando, junto con participantes de Ecuador Space Society, la Universidad Espíritu Santo y emprendedores y ejecutivos vinculados al sector.
Detrás del espectáculo de los lanzamientos crece una actividad menos visible que merece la atención de empresarios, universidades, inversionistas y gobiernos.
¿En qué consiste la economía espacial?
Es el conjunto de actividades que crean valor mediante la exploración y utilización del espacio. Comprende la construcción y operación de cohetes, satélites y estaciones orbitales, así como los servicios y aplicaciones que utilizan sus capacidades para atender necesidades en la Tierra.
Podemos entenderla en tres niveles: llegar al espacio, trabajar en él y aprovechar sus servicios desde aquí. Cada uno requiere empresas, talento, tecnología, financiamiento y reglas.
Su dimensión es considerable. Según Space Foundation, y dado los grandes avances tecnológicos en lanzamientos (reuso de vehículos) y satélites más sofisticados, la economía espacial mundial alcanzó los USD 613.000 millones en 2024 con tendencia a más que duplicarse en menos de 10 años. Durante las conferencias se evidenció el gran crecimiento de lanzamientos de cohetes y satélites a la órbita desde Estados Unidos, estimando se multiplicará por 6 hasta el 2035. Pero los lanzamientos es solo el inicio, y cada vez pesan menos en el valor que se espera generar en los próximos años.
Para comprender sus oportunidades basta observar a sus usuarios: un agricultor que utiliza información satelital para vigilar sus cultivos, una naviera que mejora sus rutas o una comunidad que accede a internet mediante satélites. Gobiernos que usan información precisa de zonas sensibles para la seguridad nacional.
Para muchas empresas, la puerta de entrada consiste en incorporar capacidades de análisis de datos complejos a sus operaciones.

La infraestructura y los recursos que la hacen posible
Como toda actividad económica, esta necesita infraestructura: puertos espaciales, vehículos de lanzamiento, satélites, estaciones orbitales, antenas, centros de control y redes de procesamiento de datos. Es una cadena que conecta instalaciones terrestres con equipos que operan fuera del planeta.
Esta infraestructura permite aprovechar distintas capacidades y condiciones:
● La cobertura desde órbita: observar territorios extensos, conectar lugares alejados y obtener información periódica sobre los cambios en la Tierra.
● La microgravedad: investigar cómo se comportan líquidos, moléculas y materiales cuando se reducen los efectos de la gravedad.
● La energía solar: suministrar electricidad a los equipos espaciales.
● Los recursos extraterrestres: estudiar su posible utilización para sostener futuras operaciones fuera de la Tierra.
Conviene distinguir los servicios que ya tienen usuarios de las tecnologías experimentales y las posibilidades de largo plazo. Su grado de desarrollo determina cómo evaluar sus costos, riesgos y oportunidades.
1. Riesgos: anticiparse para proteger
La información satelital ayuda a observar cambios en el territorio, seguir fenómenos meteorológicos y vigilar infraestructura dispersa.
Su valor surge cuando permite actuar: proteger una instalación, ajustar una operación o preparar una respuesta. En Ecuador, estas capacidades pueden apoyar la agricultura, el monitoreo de bosques y la gestión de emergencias.
El desafío consiste en convertir datos en información confiable y esta, en decisiones oportunas. Una imagen, por sí sola, no gestiona un riesgo.
2. Productividad: decidir mejor y utilizar mejor los recursos
La observación, la navegación y las comunicaciones satelitales pueden integrarse al trabajo de productores, transportistas y operadores logísticos.
Pensemos en decisiones sobre riego, seguimiento de carga o coordinación de flotas. Su utilidad debe medirse en resultados: menores pérdidas, mejores tiempos, mayor trazabilidad y un uso más eficiente de los recursos.
Aquí hay oportunidades para empresas que conozcan las necesidades locales y sepan integrar tecnología, análisis y procesos. El cliente necesita una solución; las capacidades espaciales pueden contribuir a construirla.
3. Conectividad: ampliar el acceso
Las comunicaciones satelitales permiten ofrecer conexión en territorios donde desplegar redes terrestres resulta difícil. Esto puede facilitar servicios educativos, atención remota de salud, actividad empresarial y comunicaciones de emergencia.
Sin embargo, disponer de conexión no garantiza aprovecharla. También hacen falta equipos, capacidades y servicios adecuados. El valor de la conectividad se concreta cuando las personas pueden utilizarla para aprender, trabajar y acceder a mejores oportunidades.
4. Manufactura y salud: investigar bajo otras condiciones
La microgravedad ofrece condiciones particulares para la investigación. Al reducir efectos como la sedimentación y la convección asociados a la gravedad, puede favorecer el crecimiento de ciertos cristales y ayudar a estudiar proteínas y materiales. Estas investigaciones aportan conocimientos útiles para el desarrollo farmacéutico y otras aplicaciones.
Es una frontera prometedora, cuyo avance exige ciencia rigurosa y disciplina empresarial. Convertir un experimento en un negocio requiere demostrar resultados reproducibles, calidad y ventajas que justifiquen los costos de desarrollo y operación.
5. Nuevas oportunidades: participar desde nuestras capacidades
La actividad espacial también requiere software, análisis de datos, ciberseguridad, seguros, financiamiento, asesoría jurídica, formación y comunicación. Su desarrollo convoca a profesionales de diversas disciplinas.
Durante los encuentros en Orlando, las conversaciones sobre alimentación y experiencias espaciales me hicieron pensar en nuestro cacao, biodiversidad y gastronomía. ¿Podrían algunas de estas capacidades servir de base para proyectos de investigación o desarrollo de alimentos destinados a misiones espaciales?
Es una pregunta para explorar con socios especializados. Una idea atractiva se convierte en oportunidad cuando responde a una necesidad y demuestra su viabilidad.
Las universidades pueden aportar conocimiento y talento; las empresas, necesidades concretas y capacidad de ejecución; los inversionistas, capital y evaluación de riesgos; y el Estado, condiciones que faciliten esa colaboración.
De la curiosidad a una agenda ecuatoriana

Ecuador firmó los Acuerdos Artemis el 21 de junio de 2023. Estos recogen principios para la exploración y utilización civil del espacio y constituyen una referencia para la cooperación internacional. La adhesión, por sí sola, no garantiza proyectos, contratos ni financiamiento, pero es un habilitante necesario. Por otra parte, Ecuador Space Society figura entre los firmantes del Washington Compact, promovido por The Hague Institute for Global Justice para impulsar la cooperación y el comportamiento responsable en las actividades espaciales comerciales.
Estos vínculos ofrecen un punto de partida institucional y de gobernanza. Aprovecharlos exige iniciativa, preparación y perseverancia.
Es oportuno convocar a empresas, universidades e instituciones públicas para seleccionar tres desafíos del país o de sus sectores productivos que puedan beneficiarse de capacidades espaciales. Cada propuesta debería contar con un responsable, usuarios definidos, socios tecnológicos y una estimación de presupuesto y resultados. La meta para los primeros noventa días podría ser una cartera inicial de pilotos, con suficiente sustento para buscar alianzas y financiamiento.
A los empresarios nos corresponde identificar necesidades y comprometer recursos. A las universidades, conectar investigación con aplicaciones. Al Estado, facilitar cooperación y regulaciones. Y a quienes trabajamos en gobernanza, contribuir a que esa colaboración se traduzca en decisiones, responsabilidades y ejecución.

La economía espacial ya forma parte de nuestra vida y está creando valor aceleradamente. Levantemos la mirada y pongamos fecha al primer paso.
Roberto
Referente en gobernanza empresarial e infraestructura público-privada. Presidente de Succexion y fundador de InfraMonitor. Ha sido Chairman y CEO de Masisa, Amanco y Nueva Holding, y VP ejecutivo de Consorcio Nobis. Profesor, columnista y Secretario de Inversiones P P del gobierno del Ecuador. MBA ESADE-Adolfo Ibáñez. Programas en Wharton, Kellog y Harvard Kennedy School. Economista de la Universidad Católica de Guayaquil.