FORTALECER LA DOLARIZACIÓN EN ECUADOR

Hay dos preguntas relevantes en estos días del 20 aniversario de la dolarización en Ecuador. Si el país está listo para recuperar su política monetaria a través de una nueva moneda propia? O, si se debe más bien fortalecer la dolarización por otros 20 o más años?

Las respuestas no son difíciles. A la primera pregunta es un No rotundo ya que no hemos aprendido a sanear las finanzas públicas, ni a atraer inversiones, o crecer y diversificar suficientemente nuestras exportaciones no petroleras. Tampoco hemos madurado en lo político o en fortalecer las instituciones.

El sistema está tan arraigado en la población que ni los enemigos de la dolarización se atreven a demonizarla en público. La mayoría de las personas encontraron beneficios relevantes, como reducir la inflación, acceder a créditos de largo plazo, o aumentar sus ingresos reales. Cambiar el sistema puede tener argumentos técnicos, pero ninguna viabilidad en la práctica, ya que sin apoyo popular, ni buenos fundamentos, sería un desastre.

Entonces nos queda la segunda pregunta. La respuesta es un Sí contundente. Y es aquí donde hay que enfatizar y concentrar las contribuciones para determinar qué debe hacer el país, sus autoridades, empresarios, y demás grupos involucrados directa o indirectamente, para fortalecerla y convertirla en una ventaja positiva y diferenciadora.

El lado negativo del sistema ha sido encarecer al país respecto a sus vecinos que han devaluado sus monedas de manera relevante, por lo tanto, somos menos competitivos, y con poca atractividad para inversionistas, salvo en aquellos sectores donde las ventajas comparativas compensan de gran manera esta falencia. Sin embargo, hay que reconocer que esto ha sido originado también por falta de políticas consistentes con un modelo económico basado en la dolarización, donde no estamos solos, solo ver el caso Panamá, o El Salvador.

Para fortalecer el sistema hay que consolidar sus fundamentos: Tener una macroeconomía equilibrada en las cuentas públicas para racionalizar el endeudamiento, mejorar recaudación, desincentivar la corrupción, aumentar la transparencia, desinvertir o concesionar activos, insistir en eliminar subsidios indefendibles de manera gradual con compensaciones bien diseñadas. Contar con un fondo de estabilización para épocas malas. Mayor apertura internacional. Una agenda contundente de productividad y competitividad. Más flexibilidad laboral. Dinamizar e integrar el mercado de capitales. Potenciar las exportaciones con más valor agregado. Ampliar la cobertura y cultura digital. Fortalecer las instituciones en los sectores judicial, educación y seguridad que son vitales para un contexto favorable.

En conclusión, la dolarización ha sido positiva, y aún tiene mucho que dar si perseveramos en lo correcto.

Un artículo de #SustainableManagementIniciative

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